Cómo querría ahora convocar
las palabras antiguas,
las voces primordiales
atravesadas por
la pobreza y su música
que tanto me decía del jardín.
Cómo querría ahora
atravesar la herrumbre de las pérdidas
y pronunciar cerezo, campocasa,
campaninas, helada, castañares,
conventino, la Puente, cirigüeñas…
Qué salvación sería
volver a aquellas sílabas tan puras,
a aquel decir sagrado
de la pobreza.
José Luis Puerto
