julymurillo

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Clodomiro el Ñajo

In LOS 70, RIMA NICARAGÜA on 2009-02-28 at 16:24

En el barrio La Reinaga al final de aquel atajo
Vive Clodomiro Arteaga a quien le dicen ‘El Ñajo’
Clodomiro es entrenado como bien lo sabes vos
Del celador mal pagado de la farmacia de Cleto Urros
Del celador mal pagado de la farmacia de Cleto Urros

Clodomiro, Clodomiro ¿para dónde vas tan serio?
Voy a ver un partidito allá por el cementerio
Y en asunto de mujeres ¿cómo te trata la vida?
Me defiendo, me defiendo como gato panza arriba

En la farmacia surtida del mentado Cleto Urros
Tiene ‘repis’ Clodomiro es el ‘cachimber boy’
El boticario sin dientes a la calle lo mandó
Oigan amigos presentes lo que al Ñajo le pasó
Oigan amigos presentes lo que al Ñajo le pasó

-A ver Clodomiro, andate a la ferretería y me comprás una libra de clavos y un formón.
-Una libra de clavos y un formón. Una libra de clavos y un formón.
-No, no, no. Tenés que apuntarlo porque se te olvida.
-No se me olvida, patroncito. Yo tengo un truquito para que no se me olvide.
-¿Cómo es ese truquito?
-Ah, le pongo musiquita.
-¿Cómo que le ponés misiquita?
-¡Oiga! Una libra de clavos y un formón. Una libra de clavos y un formón.

Clodomiro, Clodomiro ¿para dónde vas tan serio?
Voy a ver un partidito allá por el ce… Una libra de clavos y un formón.
Una libra de clavos y un formón.
Y en asunto de mujeres ¿cómo te trata la vida?
Me defiendo, me defiendo como gato pa… Una libra de clavos y un formón.
Una libra de clavos y un formón.

Clodomiro como siempre en la calle se topó
Con su cuate ‘pico-liendre’ que es un gran vacilador
Clodomiro por vergüenza la estrategia transformó
Y en vez de la cancioncita solo la música chifló
Y en vez de la cancioncita solo la música chifló

Clodomiro, Clodomiro ¿para dónde vas tan serio?
Voy a ver un partidito allá por el cemen… (silbido)
Y en asunto de mujeres ¿cómo te trata la vida?
Me defiendo, me defiendo como gato pa… (silbido)

Cuando a la ferretería el Ñajo llegó por fin
Le preguntó el dependiente: ¿en qué te puedo servir?
Clodomiro muy tranquilo de su truco musical
Le silbó la cancioncita con toda seguridad
Le silbó la cancioncita con toda seguridad

-Esto es lo que yo vengo a comprar, oí, oí (silbido)
-Bueno, bueno, bueno, pero ¿qué significa ese silbido, hombre? Rápido que estoy muy ocupado.
-Yo qué culpa tengo si no entendés nada. Te lo voy a barajar despacito tal cual, ¿eh? tal cual. Oí (chiflido)
-¡Un momento! ¡O me decís lo que querés o te saco a puñetazo limpio de aquí de la ferretería! Ñajo tonto.
-E-e-e-es que… ya me llevó el diablo… e-e-es que yo me acuerdo bien de la musiquita, pero se me olvidó la letra…

Clodomiro, Clodomiro ¿para dónde vas tan serio?
Voy a ver un partidito allá por el cementerio
Y en asunto de mujeres ¿cómo te trata la vida?
Me defiendo, me defiendo como gato panza (silbido)

CARLOS MEJIA GODOY

Bienaventurado

In RIMA NICARAGÜA on 2009-02-20 at 10:31

Bienaventurado el hombre
que no sigue las consignas del Partido
ni asiste a sus mítines
ni se sienta a la mesa con los gánsters
ni con los Generales en el Consejo de Guerra.

Bienaventurado el hombre
que no espía a su hermano
ni delata a su compañero de colegio.

Bienaventurado el hombre
que no lee los anuncios comerciales
ni escucha sus radios
ni cree en sus slogans.

Será como un árbol plantado junto a una fuente.

ERNESTO CARDENAL

Los portadores de sueños

In RIMA NICARAGÜA on 2008-10-28 at 13:57

En todas las profecías
está escrita la destrucción del mundo.
Todas las profecías cuentan
que el hombre creará su propia destrucción.

Pero los siglos y la vida
que siempre se renueva
engendraron también una generación
de amadores y soñadores;
hombres y mujeres que no soñaron
con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores.

Desde pequeños venían marcados por el amor.
detrás de su apariencia cotidiana
guardaban la ternura y el sol de medianoche.
Las madres los encontraban llorando
por un pájaro muerto
y más tarde también los encontraron a muchos
muertos como pájaros.
Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas
y las dejaron preñadas de miel y de hijos verdecidos
por un invierno de caricias.
Así fue como proliferaron en el mundo los portadores sueños,
atacados ferozmente por los portadores de profecías
habladoras de catástrofes.
Los llamaron ilusos, románticos, pensadores de utopías
dijeron que sus palabras eran viejas
y, en efecto, lo eran porque la memoria del paraíso
es antigua al corazón del hombre.
Los acumuladores de riquezas les temían
lanzaban sus ejércitos contra ellos,
pero los portadores de sueños todas las noches
hacían el amor
y seguía brotando su semilla del vientre de ellas
que no sólo portaban sueños sino que los
multiplicaban y los hacían correr y hablar.
De esta forma el mundo engendró de nuevo su vida
como también había engendrado
a los que inventaron la manera
de apagar el sol.

Los portadores de sueños sobrevivieron a los
climas gélidos pero en los climas cálidos casi parecían brotar por
generación espontánea.
Quizá las palmeras, los cielos azules, las lluvias
torrenciales tuvieron algo que ver con esto,
la verdad es que como laboriosas hormiguitas
estos especímenes no dejaban de soñar y de construir
hermosos mundos,
mundos de hermanos, de hombres y mujeres que se
llamaban compañeros,
que se enseñaban unos a otros a leer, se consolaban
en las muertes,
se curaban y cuidaban entre ellos, se querían, se
ayudaban en el
arte de querer y en la defensa de la felicidad.

Eran felices en su mundo de azúcar y de viento,
de todas partes venían a impregnarse de su aliento,
de sus claras miradas,
hacia todas partes salían los que habían conocido
portando sueños soñando con profecías nuevas
que hablaban de tiempos de mariposas y ruiseñores
y de que el mundo no tendría que terminar en la
hecatombe.
Por el contrario, los científicos diseñarían
puentes, jardines, juguetes sorprendentes
para hacer más gozosa la felicidad del hombre.

Son peligrosos – imprimían las grandes rotativas
Son peligrosos – decían los presidentes en sus discursos
Son peligrosos – murmuraban los artífices de la guerra.
Hay que destruirlos – imprimían las grandes rotativas
Hay que destruirlos – decían los presidentes en sus discursos
Hay que destruirlos – murmuraban los artífices de la guerra.

Los portadores de sueños conocían su poder
por eso no se extrañaban
también sabían que la vida los había engendrado
para protegerse de la muerte que anuncian las
profecías y por eso defendían su vida aun con la muerte.
Por eso cultivaban jardines de sueños
y los exportaban con grandes lazos de colores.
Los profetas de la oscuridad se pasaban noches y días enteros
vigilando los pasajes y los caminos
buscando estos peligrosos cargamentos
que nunca lograban atrapar
porque el que no tiene ojos para soñar
no ve los sueños ni de día, ni de noche.

Y en el mundo se ha desatado un gran tráfico de
sueños que no pueden detener los traficantes de la muerte;
por doquier hay paquetes con grandes lazos
que sólo esta nueva raza de hombres puede ver
la semilla de estos sueños no se puede detectar
porque va envuelta en rojos corazones
en amplios vestidos de maternidad
donde piececitos soñadores alborotan los vientres
que los albergan.

Dicen que la tierra después de parirlos
desencadenó un cielo de arcoiris
y sopló de fecundidad las raíces de los árboles.
Nosotros sólo sabemos que los hemos visto
sabemos que la vida los engendró
para protegerse de la muerte que anuncian las
profecías.

GIOCONDA BELLI

Primaveral

In RIMA NICARAGÜA on 2008-07-28 at 20:04

PRIMAVERAL
en AZUL… 

Mes de rosas. Van mis rimas
En ronda, a la vasta selva,
A recoger miel y aromas
En las flores entreabiertas.
Amada, ven. El gran bosque
Es nuestro templo, allí ondea
Y flota un santo perfume
De amor. El pájaro vuela
De un árbol a otro y saluda
Tu frente rosada y bella
Como a un alba; y las encinas
Robustas, altas, soberbias,
Cuando tú pasas agitan
Sus hojas verdes y trémulas,
Y enarcan sus ramas como
Para que pase una reina.
¡Oh, amada mía! Es el dulce
Tiempo de la primavera.
Mira en tus ojos, los míos,
Da al viento la cabellera,
Y que bañe el sol ese oro
De luz salvaje y espléndida.
Dame que aprieten mis manos
Las tuyas de rosa y seda,
Y ríe, y muestren tus labios
Su púrpura húmeda y fresca.
Yo voy a decirte rimas,
Tú vas a escuchar risueña;
Si acaso algún ruiseñor
Viniese a posarse cerca,
Y a contar alguna historia
De ninfas, rosas o estrellas,
Tú no oirás notas ni trinos,
Sino, enamorada y regia,
Escucharás mis canciones
Fija en mis labios que tiemblan.
¡Oh, amada mía! Es el dulce
Tiempo de la primavera.

Allá hay una clara fuente
Que brota de una caverna,
Donde se bañan desnudas
Las blancas ninfas que juegan.
Ríen al son de la espuma,
Hienden la linfa serena,
Entre polvo cristalino
Esponjan sus cabelleras,
Y saben himnos de amores
En hermosa lengua griega,
Que en glorioso tiempo antiguo
Pan inventó en las florestas.
Amada, pondré en mis rimas
La palabra más soberbia
De las frases, de los versos,
De los himnos de esa lengua;
Y te diré esa palabra
Empapada en miel hiblea…
¡Oh, amada mía! en el dulce
Tiempo de la primavera.

Van en sus grupos vibrantes
Revolando las abejas
Como un áureo torbellino
Que la blanca luz alegra;
Y sobre el agua sonora
Pasan radiantes, ligeras,
Con sus alas cristalinas
Las irisadas libélulas.
Oye: canta la cigarra
Porque ama al sol, que en la selva
Su polvo de oro tamiza
Entre las hojas espesas.
Su aliento nos da en un soplo
Fecundo la madre tierra,
Con el alma de los cálices
Y el aroma de las yerbas.

¿Ves aquel nido? Hay un ave.
Son dos: el macho y la hembra.
Ella tiene el buche blanco,
Él tiene las plumas negras.
En la garganta el gorjeo,
Las alas blandas y trémulas;
Y los picos que se chocan
Como labios que se besan.
El nido es cántico. El ave
Incuba el trino, ¡oh, poetas!
De la lira universal,
El ave pulsa una cuerda.
Bendito el calor sagrado
Que hizo reventar las yemas,
¡Oh, amada mía, en el dulce
Tiempo de la primavera!

Mi dulce musa Delicia
Me trajo una ánfora griega
Cincelada en alabastro,
De vino de Naxos llena;
Y una hermosa copa de oro,
La base henchida de perlas,
Para que bebiese el vino
Que es propicio a los poetas.
En la ánfora está Diana,
Real, orgullosa y esbelta,
Con su desnudez divina
Y en su actitud cinegética.
Y en la copa luminosa
Está Venus Citerea
Tendida cerca de Adonis
Que sus caricias desdeña.
No quiero el vino de Naxos
Ni el ánfora de esas bellas,
Ni la copa donde Cipria
Al gallardo Adonis ruega.
Quiero beber el amor
Sólo en tu boca bermeja.
¡Oh, amada mía!, en el dulce
Tiempo de la primavera!

RUBÉN DARIO