julymurillo

Gerineldo

In ROMANCE ESPAÑA on 2008-08-25 at 1:35

– Gerineldo, Gerineldo,
Gerineldito pulido,

¡quién te pillara esta noche
tres horas a mi albedrío!

– Como soy vuestro criado,
señora, os burláis conmigo.

– No me burlo, Gerineldo,
que de veras te lo digo.

A las diez se acuesta el rey,
a las once está dormido

y a eso de las once y media
pide el rey su vestido.

– Que lo suba Gerineldo
que es mi paje más querido.

Unos dicen: no está en casa;
y otros que no lo habían visto.

El rey, que lo sospechaba,
al cuarto fue dirigido,

con zapatillas de seda
pa que no fuera sentido.

Se los encontró a los dos
como mujer y marido.

“Si mato a mi hija infanta
dejo el palacio perdido

y si mato a Gerineldo
lo he criado desde niño.

Pondré mi espada por medio
pa que sirva de testigo.”

A lo frío de la espada
la princesa lo ha sentido:

– ¡Levántate, Gerineldo,
que somos los dos perdidos,

que la espada de mi padre
entre los dos ha dormido!

– ¿Por dónde me iré yo ahora?
¿por dónde me iré, Dios mío?

Me iré por esos jardines
a coger rosas y lirios.

Y el rey, que estaba en acecho,
al encuentro le ha salido.

– ¿Dónde vienes, Gerineldo,
tan triste y descolorido?

– Vengo de vuestro jardín, señor,
de coger rosas y lirios.

– No me niegues, Gerineldo,
que con mi hija has dormido.

Hincó la rodilla en tierra,
de esta manera le dijo:

– Dame la muerte, buen rey,
que yo la culpa he tenido.

– No te mato, Gerineldo,
que te crié desde niño.

Para mañana a las doce
seréis mujer y marido.
———————————————————-

Gerineldo era un buen mozo,
siervo del rey muy querido.

Cuando sale del palacio,
de hacer allí su servicio,

en la puerta del palacio
la infanta lo ha perseguido:

– Gerineldo, Gerineldo,
mi Gerineldo querido,

¡quién te pillara esta noche
tres horas de mi albedrío!

– No se burle la señora
que criado vuestro he sido.

– No me burlo, Gerineldo,
que de veras te lo digo.

– Y ¿a qué hora, gran señora
se cumple lo prometido?

– Entre las doce y la una,
cuando el rey esté dormido.

Daba vueltas Gerineldo
daba vueltas al castillo.

Y cuando ya comprendió
que el rey estaba dormido

con pasito sigiloso
al cuarto la infanta ha ido.

La infanta que lo aguardaba:
– ¿Quién ha sido el atrevido?

– Gerineldo es, gran señora,
que vengo a lo prometido.

Lo ha cogido de la mano
y a su cama lo ha subido.

Se pusieron a luchar
como mujer y marido.

Con el trote de la lucha
los dos se quedan dormidos.

Llama el rey a Gerineldo
que le alargue su vestido.

Y unos dicen: no está en casa;
y otros dicen: no ha salido.

Y el rey, que lo sospechaba,
al cuarto la infanta ha ido.

Y si mato a Gerineldo,
tanto como lo he querido,

tan bien que me había
| servido.

Y si mato a la princesa
queda mi reino perdido.

Yo le meterémi espada
pa que sirva de testigo.

Con el frío de la espada
la infanta se ha estremecido:

– ¡Despiértate, Gerineldo,
mi Gerineldo querido,

que la espada de mi padre
con nosotros ha dormido!

– ¡Y qué podré hacer yo ahora
que no sea conocido!

Me marcho por los jardines
a pisar rosas y lirios.

– No te asustes, Gerineldo
y vuelve ya a tu servicio.

Gerineldo fue ante el rey
y la infanta lo ha seguido.

– Perdónalo, padre mío,
ya sabes lo sucedido.

Solamente yo deseo
me lo otorguéis por marido.

Y el rey, que lo deseaba,
el permiso ha concedido.

– Y así tendré Gerineldo
un hijo más muy querido.

Y celebraron su boda
muy llenos de regocijo.

Fuentes:
Nieto, Petra
Romance de Gerineldo.
En : La voz antigua, 5. Miranda
del Castañar (Salamanca).
Madrid : Guimbarda, 1981.

[ II ]

– Gerineldo, Gerineldo,
paje del rey más querido,

¡quién te tuviera esta noche
en mi jardín florecido!

¡Válgame Dios, Gerineldo,
cuerpo que tienes tan lindo!

– Como soy vuestro criado,
señora, burláis conmigo.

– No me burlo, Gerineldo,
que de veras te lo digo.

-¿Y cuándo, señora mía,
cumpliréis lo prometido?

– Entre las doce y la una,
que el rey estará dormido.

Media noche ya es pasada,
Gerineldo no ha venido.

-¡Oh malhaya, Gerineldo,
quien amor puso contigo!

– Abráisme, la mi señora
abráisme, cuerpo garrido.

-¿Quién a mi estancia se atreve?
¿Quién llama assí a mi postigo?

– No os turbéis señora mía,
que soy vuestro dulce amigo.

Tomáralo por la mano
y en el lecho lo ha metido.

Entre juegos y deleites
la noche se les ha ido

y allá hacia el amanecer
los dos se duermen vencidos.

Despertado había el rey
de un sueño despavorido:

“O me roban a la infanta
o traicionan el castillo”.

Aprisa llama a su paje
pidiéndole los vestidos:

-¡Gerineldo, Gerineldo,
el mi paje más querido!

Tres veces le había llamado,
ninguna le ha respondido.

Puso la espada en la cinta,
adonde la infanta ha ido;

vio a su hija, vio a su paje
como mujer y marido.

“¿Mataré yo a Gerineldo,
a quien crié desde niño?

Pues si matare a la infanta
mi reino queda perdido.

Pondré mi espada por medio,
que me sirva de testigo.”

Y salióse hacia el jardín
sin ser de nadie sentido.

Rebullíase la infanta
tres horas ya el sol salido;

con el frior de la espada
la dama se ha estremecido.

-Levántate, Gerineldo,
levántate, dueño mío:

la espada del rey mi padre
entre los dos ha dormido.

¿Y adónde iré, mi señora,
que del rey no sea visto?

– Vete por ese jardín
cogiendo rosas y lirios;

pesares que te vinieren
yo los partiré contigo.

– ¿Dónde vienes, Gerineldo,
tan mustio y descolorido?

– Vengo del jardín, buen rey,
por ver cómo ha florecido;

la fragancia de una rosa
la color me ha desvaído.

De esa rosa que has cortado
mi espada será testigo.

Matadme, señor, matadme,
bien lo tengo merecido.

Ellos en estas razones,
la infanta a su padre vino:

– Rey y señor, no le mates
mas dámelo por marido;

o si lo quieres matar
la muerte será conmigo.

Romancero
El romancero /
estudio, notas y comentarios de texto
por Giuseppe di Stefano.
2ª ed.- Madrid : Narcea, D.L. 1978.

[ III ]

Levantóse Gerineldo
que al rey dejara dormido,

fuese para la infanta
donde estaba en el castillo.

– Abráisme, dijo, señora,
abráisme, cuerpo garrido.

– ¿Quién sois vos, el caballero,
que llamáis a mi postigo?

-Gerineldo soy, señora,
vuestro tan querido amigo.

Tomárala por la mano,
en un lecho la ha metido,

y besando y abrazando
Gerineldo se ha dormido.

Recordado había el rey
de un sueño despavorido;

tres veces lo había llamado,
ninguna le ha respondido.

– Gerineldo, Gerineldo,
mi camarero pulido,

si me andas en traición,
trátasme como a enemigo.

O dormías con la infanta
o me has vendido el castillo.

Tomó la espada en la mano,
en gran saña va encendido,

fuérase para la cama
donde a Gerineldo vido.

Él quisiéralo matar,
mas criole de chiquito.

Sacara luego la espada,
entre entrambos la ha metido,

porque desque recordase
viese cómo era sentido.

Recordado había la infanta
y la espada ha conocido.

– Recordaos, Gerineldo,
que ya érades sentido,

que la espada de mi padre
yo me la he bien conocido.

Romancero
El romancero viejo.
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

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