julymurillo

Me prometió una hoguera

In ALGO DE OPI on 2009-06-28 at 1:10

Me dijo que si volvía de nuevo a su tierra, la noche de San Juan, construiría para mi una hermosa y brillante en la que arderían el aburrimiento, la rutina, las noches frías, el desencanto.

Mira – me dijo- si lo deseas mi fuego será para ti durante toda una noche, desde que se ponga el sol hasta que vuelva a nacer. Me consumiré en ti y tú en mi mí. Y yo le dije que sí.

Cuando llegué a la era aun no ardía ningún fuego, pero cerca de ella se iban amontonando leños, ramas, montones de piñas, cachivaches mil. La gente se afanaba en hacer la hoguera más grande, y mientras reían, se gastaban bromas y apostaban sobre quien saltaría sobre el fuego o quién se acobardaría. Los de la asociación promotora de la fiesta repartían chocolate y boletos para una rifa. Las palabras se mezclaban con el arrullo del crepitar del fuego que se iba iniciando.

Cuando el sol se ocultó, una a una todas y cada una de las hogueras de la era se encendieron. La linde del campo se trastocó en un encaje de fuego, y por unas horas las los restos de las mieses segadas, se transformaron en hebras de oro.. Las aves, las liebres y los gatos vagabundos, entusiasmados y temerosos, observaban el fulgor del elemento tan ajeno a ellos. Ay, suspiraron con deseo, quien pudiera saltar como ellos en estos momentos, pero su miedo a los humanos, les hizo quedarse en la distancia y contemplar el espectáculo tan insólita noche.

Yo esperé.

La noche se llenó de música, de gritos de entusiasmo, de alegría; de cohetes que en mil colores se abrían en el cielo soltando chispitas verdes, rosas, doradas. Desde donde me encontraba podía ver como saltaban sobre las llamas unos, como se acobardaban otros y como entre las sombras se escabullían otros tantos.

Seguí esperando sobre la yerba seca, acurrucada sobre mi misma y mirando la felicidad de los demás.

Cuando horas después me di cuenta de que nadie vendría, que la promesa de una hoguera para mi se la había llevado el viento, la distancia o el olvido, estuve a punto de caer en la tentación de la pena, las lagrimas, la desagradable sorpresa de una promesa rota. A punto estuve de dejarme llevar por el llanto, de renegar de los sueños, en un tris de llamarme a mi misma tonta, ilusa y maldecir a quien me había hecho creer que tendría una hoguera preparada para mi sola en la noche de San Juan… pero al mirar al cielo, pude ver la luna brillar, las estrellas titilar en competencia directa con las llamas y entonces, sin mucho pensar, me puse de pie, sacudí las briznas de paja de mi ropa y me dirigí a la hoguera mas cercana donde en lugar de llanto, pena y decepción había cantos, risas, anís y chocolate.

En algún momento de la noche alguien me cogió del brazo y me dijo “Ahora vas a saltar conmigo” y yo salté.

CARMEN PLANCHUELO

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