julymurillo

Noche de sexo y pasión

In ALGO DE CUENTO, ALGO DE HUMOR on 2010-05-27 at 9:40


RELATO ERÓTICO-FÍLMICO,

UN SUBGÉNERO LITERARIO QUE ACABO DE INVENTAR (CREO)

Mi nombre es Joe.

Un día, en Nueva York, con fuego en el cuerpo entré en la habitación en forma de «ele» donde mi rubia favorita y yo habíamos pasado los mejores años de nuestra vida.
Con aquella deliciosa persona iba a realizar todos los juegos prohibidos, iba a cumplir mi fantasía.
Serían las 8 1/2, de una jornada de un largo y cálido verano. En el calor de la noche, el apartamento de Manhattan estaba al rojo vivo; en las paredes se reflejaba el color púrpura del resplandor de las luces de la ciudad que entraban por la ventana indiscreta, porque era una habitación con vistas, aunque a malas calles.
Aquello no iba a ser un breve encuentro; la gran ilusión que yo tenía era que durase hasta octubre, que aquel amor a quemarropa fuese la historia interminable, como una cadena perpetua. Nunca diría adiós a mi concubina. Estaríamos encadenados de aquí a la eternidad.
Abrí la novena puerta con mi llave y entré. Lolita, todavía en la edad de la inocencia, me esperaba, con su cara de ángel, sobre un lecho de terciopelo azul, como una Eva al desnudo. (La verdad es que es una mujer para dos, porque tiene un lío en Río, pero ¡que el cielo la juzgue!, porque yo no lo haré.)
Pasé del cuarto protocolo y me salté la conversación. Mi masculinidad estaba gigante y me abalancé sobre ella a sangre fría, como un tiburón.
—¿Qué hago con esto? —preguntó.
—Agárralo como puedas —repuse.
Pero antes de que culmináramos nada oímos el golpe en la habitación de al lado. Se escuchaban gritos y susurros.
—Recuerda que no hay que hacer ruido —me dijo Lolita—. Respeta la ley del silencio.
Obedecí. Y, sin hacer caso del teléfono rojo que empezó a sonar, volví a mi labor. Pero, ¡qué noche la de aquel día! Nos interrumpieron de nuevo varias campanadas a medianoche. Luego, mis adorables vecinos protestaron: dieron más o menos los cuatrocientos golpes en el tabique. (¡Qué intolerancia! También el pianista del quinto toca el piano y yo no protesto.) Luego nos importunó la mosca dichosa. Después mi tío me llamó al móvil. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, me pregunté. Sin perdón, arrojé el teléfono contra la pared, con repulsión. ¡Y yo que pensaba que yo era como el paciente inglés, el hombre tranquilo por antonomasia!
Finalmente nos amamos hasta que cantaron los pájaros.
—Abre los ojos —me dijo ella el día después—. Eres el dormilón mayor que conozco.
—Es el sueño americano —me justifiqué.
Y nos dedicamos de nuevo a los trabajos de amor perdidos.

¡Qué bello es vivir!
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Enrique Gallud Jardiel

* Enrique Gallud Jardiel es escritor, dramaturgo y director de teatro.

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