julymurillo

Archive for 31 diciembre 2010|Monthly archive page

Qué traerá el viento esta noche?….

In LETRAS CHECAS on 2010-12-31 at 9:25

Qué traerá el viento esta noche?
¿La lluvia, la nieve o una carta?
¿Una carta de quién? ¿Una carta buena o mala?
Todo, hasta el mismo silencio
tiene algo que callar.
Pero todo, hasta lo inexpresable,
acabarán por decirlo los celos.

Vladimir Holan (Poema de Nochevieja)

Vladimir Holan (1905-1980). Poeta checo. Su interés por la literatura y la poesía españolas lo llevaron a traducir a Góngora a su lengua natal.

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LA SEXALESCENCIA.

In ALGO DE HUMOR, ALGO DE OPI on 2010-12-28 at 22:47

Tener 60 en el Siglo XXI

Si miramos con cuidado podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene alrededor de sesenta años.
Es una generación que ha pateado fuera del idioma la palabra “sexagenario”, porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales el hecho de envejecer.
Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la “adolescencia”, que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del siglo veinte para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.
Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria.

Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura le dio durante décadas al concepto del trabajo.

Lejos de las tristes oficinas de Onetti o Roberto Arlt, esta gente buscó y encontró hace mucho la actividad que más le gustaba y se ganó la vida con eso.

Supuestamente debe de ser por esto que se sienten plenos… algunos ni sueñan con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen de adentro en uno y en la otra. Disfrutan, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale mirar el mar con la mente vacía o volar una paloma desde el 5º piso del depto.
Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante.

Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres sólo podían obedecer y de ocupar lugares en la sociedad que sus madres ni habrían soñado con ocupar.

Esta mujer sexalescente pudo sobrevivir a la borrachera de poder que le dio el feminismo de los 60´, en aquellos momentos de su juventud en el que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad.

Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, otras eligieron tener hijos, otras eligieron no tenerlos, fueron periodistas, atletas o crearon su propio “YO S.A.”

Pero cada una hizo su voluntad.
Reconozcamos que no fue un asunto fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente.

Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de sesenta, hombres y mujeres, maneja la compu como si lo hubiera hecho toda la vida.

Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail con sus ideas y vivencias.
Por lo general están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo. Raramente se deshacen en un llanto sentimental.

A diferencia de los jóvenes, los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota, a lo sumo… y a otra cosa.
La gente grande comparte la devoción por la juventud y sus formas casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada. Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo…Ellos, los varones no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani. Ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura tuneada de una vedette.

En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.
Hoy la gente de 60, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE. Antes, los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, por que la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben.
La gente de 60 de hoy, celebra el sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo… Quizás, por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los de sesenta en el siglo XXI.

ALICIA DUBROVIC

Dentro de tres mil vidas….

In LETRAS GALLEGAS on 2010-12-24 at 11:03

Dentro de tres mil vidas, nuestra imagen,

una estirpe de locos y poetas.

Alguna inteligencia sin rincones

recogerá los restos

de nuestra débil insignificancia,

un punto de energía coincidente,

un resumen, un verso congelado,

rayo láser escéptico,

marcado por los dientes de una fábula

sumergida en la arcilla de palabras oscuras.

Ahora permanecemos en la zona extraviada

de la noche intermedia,

en el temblor del aire establecido

en el milimicrón de la distancia

tendida entre nosotros,

una distancia sabia

que permanece para preservarnos

por encima del tiempo.

María Pilar Couceiro

Arturo Perez Reverte

In ALGO CIERTO, ALGO DE CUENTO on 2010-12-23 at 1:50

Si fuéramos conocedores de nuestra historia, ESPAÑA sería más grande y mejor .

Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle. Ocurrió hace casi ocho siglos justos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El 16 de julio se cumplió el 798 aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros. Tras proclamar la yihad –seguro que el término les suena– contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa –también esto les suena, imagino– debilitada e indecisa.

Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda. Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas –tropas populares, para entendernos– y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes –Alfonso IX de León se quedó en casa–. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza.

La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo –imagino que tendría otras cosas en la cabeza–, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros –porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros–; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VIII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria.

¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura.

La última visión

In ALGO DE CUENTO, LETRAS GALLEGAS on 2010-12-20 at 21:59

En la balanza de aquella vida que se extinguía, se nivelaban, por una parte, más de cincuenta años de un matrimonio pleno y feliz; por otra, una noche diferente y turbadora.

Y fueron las imágenes y aromas de aquella única noche las que desbordaron su corazón y atravesaron su memoria, antes de sumergirse en la Nada del Intiempo.

María Pilar Couceiro

Yo bién quisiera…

In LETRAS FRANCESAS on 2010-12-17 at 8:53

Yo bien quisiera a mi caballero
tener una tarde desnudo en mis brazos,
y que él se inundase de alegría
sólo con que yo le hiciese de almohada

Bello amigo, amable y bueno,
¿cuándo os tendré en mi poder?
¡Ojalá pudiera yacer con vos una tarde
y daros un ardiente beso de amor!

Sabed que mi mayor deseo sería
teneros a vos, en el lugar del marido,
con tal de que me hubierais jurado
hacer todo lo que yo apeteciera.

Beatrix de Dýa *

* Beatrix, Comtessa de Dýa (1180-1212). Esta Trobairitz provenzal, casada con Guilhèm de Poitiers,

fue autora de hermosas melodías y de textos poéticos muy originales, que muchas veces soslayaban la rígida estética del amor cortés.

Tenía una mano más triste….

In LETRAS CATALANAS on 2010-12-10 at 22:25

Tenía una mano más triste que la otra.
No quería decirme su nombre.
En cuanto me veía,
subía a la acera,
daba un par de vueltas
y se acercaba a mí, a la pata coja:
me introducía restos de su infancia
en el bolsillo de la americana.
Tenía demasiados recuerdos en la mirada.

Aún ignoro su nombre,
pero sigo aquí, mal sentado,
mirando palabras, esperando de nuevo a mi lado,
una mano más triste que la otra.

Alberto Tugues (La mano)*

* Alberto Tugues (Barcelona, 1947). Poeta y narrador. Junto a José Ángel Cilleruelo lleva el blog http://pensionulises.blogspot.com/

Y la noche entera..

In LETRAS GRIEGAS on 2010-12-03 at 8:18

Y la noche entera con sus canciones
celebrando, pasan tu amor las vírgenes;
y el de tu esposa, de florido seno,
junto a la puerta.

Despierta, novio, que los amigos
de tu edad te esperan; pues deseamos
ver hoy menos sueño en los gorjeos
de los gorriones.

Safo *

* Safo de Lesbos (hacia. 650- 510 a. C). La poetisa por antonomasia.