julymurillo

Heidelberg

In LETRAS ALEMANAS on 2012-09-30 at 9:31

Heidelberg

Mi antiguo y largo amor quiere, para su gozo,
llamarte madre, dándote una canción sin arte,
a ti, del natal suelo,
la más bella en los campos.

Como el ave del bosque vuela sobre la cumbre,
tal sobre tu reflejo en el río se cierne
el puente, leve y recio,
de hombres y carruajes.

Acaso por los dioses enviado, un hechizo
me encadenaba al puente cuando lo atravesaba,
me mostraba montañas,
distancias sugerentes.

El río adolescente se perdía en el llano,
gozosamente triste, como el corazón, cuando,
harto de esplendor, quiere
hundirse bajo el tiempo.

Le habías dado fuentes, frescas sombras cubrían
al fugitivo, y le iban las orillas mirando
pasar, llevarse ondas,
palpitando su imagen.

Mas sobre el valle pende gravemente el gigante
castillo, sabedor del destino, hasta el suelo
roto de lluvia y viento:
pero el sol inmortal

virtió luz renovada sobre la envejecida
corpulencia, y, ciñéndolo, hizo verdear viviente
yedra, amigos y bosques
que aislaban su murmullo.

Los arbustos bajaban floreciendo hasta donde
en el valle, el regazo de monte, o vencidos,
suave margen, las calles
entre fragancias quedan.

Johann Christian Friedrich Hölderlin (Lauffen am Neckar, 1770- Tubinga, 1843).

Heidelberg

Lange lieb ich dich schon, möchte dich, mir zur Lust,
Mutter nennen und dir schenken ein kunstlos Lied,
Du, der Vaterlandsstädte
Ländlichschönste, so viel ich sah.

Wie der Vogel des Walds über die Gipfel fliegt,
Schwingt sich über den Strom, wo er vorbei dir glänzt,
Leicht und kräftig die Brücke,
Die von Wagen und Menschen tönt.

Wie von Göttern gesandt, fesselt’ ein Zauber einst
Auf die Brücke mich an, da ich vorüber ging
Und herein in die Berge
Mir die reizende Ferne schien,

Und der Jüngling, der Strom, fort in die Ebne zog,
Traurigfroh, wie das Herz, wenn es, sich selbst zu schön,
Liebend unterzugehen,
In die Fluten der Zeit sich wirft.

Quellen hattest du ihm, hattest dem Flüchtigen
Kühle Schatten geschenkt, und die Gestade sahn
All’ ihm nach, und es bebte
Aus den Wellen ihr lieblich Bild.

Aber schwer in das Tal hing die gigantische,
Schicksalskundige Burg nieder bis auf den Grund,
Von den Wettern zerrissen;
Doch die ewige Sonne goß

Ihr verjüngendes Licht über das alternde
Riesenbild, und umher grünte lebendiger
Efeu; freundliche Wälder
Rauschten über die Burg herab.

Sträuche blühten herab, bis wo im heitern Tal,
an den Hügel gelehnt oder dem Ufer hold,
Deine fröhlichen Gassen
Unter duftenden Gärten ruhn.

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