julymurillo

Anochece y el barracón…

In LETRAS HUNGARAS on 2014-02-07 at 22:43

¿Lo ves?, anochece y el barracón, el salvaje cerco de roble

que abraza la alambrada parece flotar, absorbido en las sombras.

El marco de nuestro cautiverio lo dibuja extendido la mirada

y sólo el cerebro, sólo él, conoce lo tenso de los cables.

¿Lo ves, mi amor?, hasta aquí, nuestra fantasía sólo se libera

de este modo, nuestro quebrado cuerpo el sueño lo rescata,

como una redención, y el terreno de presos se encamina hacia casa.

Andrajosos y endebles, desde la ciega cúspide de Serbia,

los presos vuelan bramando hacia el paisaje solapado de casa.

¡Paisaje solapado de casa! Ah, ¿es que existe todavía el hogar?

¿Tal vez a salvo de las bombas? ¿Está como cuando nos alistaron?

El que gime a la derecha, el que duerme a la izquierda, ¿acaso volverán?

Dime, amor, ¿existe aún una patria donde conozcan el hexámetro?

Sin acentos, palpando a ciegas verso a verso,

así escribo el poema, igual que vivo,

a tientas, arrastrándome como un gusano sobre el papel;

linterna, libro, todo lo arrebataron los custodios del campo

y ni el correo llega, sólo la niebla cubre nuestro barracón.

Aquí, entre montes, entre rumor e insectos vive el hombre francés,

el polaco, el chismoso italiano, el serbio disidente, el judío pensativo,

viven, el febril cuerpo hecho pedazos, una idéntica vida,

aguardan buenas nuevas, no las hermosas voces femeninas,

sino las de su liberación,

y esperan el final, precipitado en la penumbra densa, o el milagro.

Estoy aquí tendido en una tabla, cautivo animal entre parásitos, el asalto

de las pulgas se renueva, aunque se haya calmado la legión de las moscas.

Es de noche, un día menos, ya ves, de cautiverio,

también un día menos para vivir. El campamento duerme.

Bañado de luna el paisaje, el alambre refulge tenso, y por la ventana,

proyectándose sobre la pared en las voces nocturnas,

se percibe la sombra de los armados centinelas.

El campo está dormido, ¿lo ves, amor?, zumban los sueños,

alguno ronca, se sobresalta, se da la vuelta en su apretado espacio,

o se duerme de nuevo, brillante el rostro. Sólo yo en el insomnio, sentado,

percibo un resto de colilla en mi boca en lugar del sabor

de tus besos, y el sueño no me asiste para darme sus mimos,

pues que sin ti vivir no puedo, ni sé morir tampoco.

Miklós Radnóti (Budapest, 1909- Abda, 1944), Séptima Égloga,

dictada a su amigo Ferenc Gerlits

Látod-eesteledik s a szögesdróttal beszegett,

 vadtölgykerités, barakk oly lebegőfelszívja az este.
Rabságunk keretét elereszti a lassu tekintet
és csak az ész, csak az ész, az tudja, a drót feszülését.
Látod-e 
drága, a képzelet itt, az is így szabadul csak,
megtöretett testünket az álom, a szép szabadító
oldja fel és a fogolytábor hazaindul ilyenkor.

Rongyosan és kopaszonhorkolva repülnek a foglyok,
Szerbia 
vak tetejéről búvó otthoni tájra.
Búvó otthoni táj! Ó, 
megvan-e még az az otthon?
Bomba sem 
érte talán? s van, mint amikor bevonultunk?
És aki 
jobbra nyöszörg, aki balra heverhazatér-e?
Mondd, van-e ott haza még, ahol értik e hexametert is?

Ékezetek nélkül, csak sort sor alá tapogatva,
úgy 
irom itt a homályban a verset, mint ahogy élek,
vaksinhernyóként araszolgatván a papíron;
zseblámpátkönyvetmindent elvettek a Lager
őrei s posta se jönköd száll le csupán barakunkra.

Rémhirek és férgek közt él itt francialengyel,
hangos olaszszakadár szerbméla zsidó a hegyekben,
szétdarabolt lázas test s mégis egy életet él itt, –
jóhírt várszép asszonyi szótszabad emberi sorsot,
várja a véget, a sűrü homályba bukót, a csodákat.

Fekszem a deszkánférgek közt fogoly állat, a bolhák
ostroma meg-megujúl, de a légysereg elnyugodott már.
Este van, egy nappal rövidebblásdujra a fogság
és egy nappal az élet is. Alszik a tábor. A tájra
rásüt a hold s fényében a drótok ujra feszülnek,
látni az ablakon át, hogy a fegyveres őrszemek árnya
lépdel a falra vetődve az éjszaka hangjai közben.

Alszik a táborlátod-e drágasuhognak az álmok,
horkan a felriadómegfordul a szűk helyen és már
ujra elalszik s fénylik az arca. Csak én ülök ébren,
féligszítt cigarettát érzek a számban a csókod
íze helyett és nem jön az álom, az enyhetadómert
nem tudok én meghalni se, élni se nélküled immár.

Hetedik ecloga, by Radnóti Miklós
annotated by Ferenc Gerlits

Este poeta judío, representante de la moderna lírica húngara,

fue víctima de la represión nazi y condenado a trabajos forzados.

Durante el cautiverio no dejó de escribir poemas, que repartía

entre sus amigos para que pudieran publicarse después de la guerra.

En estos poemas, dedicados a su esposa Fanny, describe las difíciles

circunstancias de la vida en el campo de concentración, .

Cuando los presos fueron trasladados, Ranóti preparó en el camino

sus últimas poesías, entre ellas Erőltetett menet (Marcha forzada).

Según testigos, el poeta fue violentamente golpeado por un oficial

borracho porque “garabateaba”. Él y sus compañeros fueron fusilados

y arrojados a una fosa común. Al exhumar los restos, tras la guerra,

se encontró en el bolsillo de su chaqueta la libreta de notas con sus últimos versos.

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