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LA SEXALESCENCIA.

In ALGO DE HUMOR, ALGO DE OPI on 2010-12-28 at 22:47

Tener 60 en el Siglo XXI

Si miramos con cuidado podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene alrededor de sesenta años.
Es una generación que ha pateado fuera del idioma la palabra “sexagenario”, porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales el hecho de envejecer.
Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la “adolescencia”, que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del siglo veinte para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.
Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria.

Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura le dio durante décadas al concepto del trabajo.

Lejos de las tristes oficinas de Onetti o Roberto Arlt, esta gente buscó y encontró hace mucho la actividad que más le gustaba y se ganó la vida con eso.

Supuestamente debe de ser por esto que se sienten plenos… algunos ni sueñan con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen de adentro en uno y en la otra. Disfrutan, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale mirar el mar con la mente vacía o volar una paloma desde el 5º piso del depto.
Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante.

Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres sólo podían obedecer y de ocupar lugares en la sociedad que sus madres ni habrían soñado con ocupar.

Esta mujer sexalescente pudo sobrevivir a la borrachera de poder que le dio el feminismo de los 60´, en aquellos momentos de su juventud en el que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad.

Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, otras eligieron tener hijos, otras eligieron no tenerlos, fueron periodistas, atletas o crearon su propio “YO S.A.”

Pero cada una hizo su voluntad.
Reconozcamos que no fue un asunto fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente.

Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de sesenta, hombres y mujeres, maneja la compu como si lo hubiera hecho toda la vida.

Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail con sus ideas y vivencias.
Por lo general están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo. Raramente se deshacen en un llanto sentimental.

A diferencia de los jóvenes, los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota, a lo sumo… y a otra cosa.
La gente grande comparte la devoción por la juventud y sus formas casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada. Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo…Ellos, los varones no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani. Ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura tuneada de una vedette.

En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.
Hoy la gente de 60, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE. Antes, los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, por que la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben.
La gente de 60 de hoy, celebra el sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo… Quizás, por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los de sesenta en el siglo XXI.

ALICIA DUBROVIC

Periplo lexicográfico del homosexual

In ALGO DE OPI on 2010-06-30 at 6:36

La relación de los homosexuales con la Real Academia ha sido fiel reflejo de la evolución de la situación de aquellos en la sociedad española. Aparecen ya en el Diccionario de Autoridades, en el primer tercio del XVIII, aunque con nombres como marica, maricón o afeminado, con una gran carga peyorativa. Con el tiempo, el catálogo de voces se ha ido ampliando con invertido, julandrón, loco, mariposón, mariquita, mariposa y el moderno gay de importación. Casi siempre son nombres coloquiales, eufemísticos, despectivos, vulgares, jergales o usados como insulto, lo que también ocurre con los empleados en América: ñaño y cueco (Panamá), cacorro (Colombia), culero, pipián y piña (El Salvador), chanfle, ganso, mula, pailero, yegua y flojo (Cuba), chuletón y cuchumbo (Honduras), colipato, maraco y fleto (Chile), hueco (Guatemala), joto y mayate (México), mamplora (Nicaragua, El Salvador y Honduras), patuleco y tureca (Nicaragua), pájaro (Costa Rica), rosquete (Perú), volador (República Dominicana)…

Hasta 1936 no entró en el Diccionario el sustantivo más apto para su uso en contextos formales y que, entre otras ventajas, tiene la de que también permite su aplicación a mujeres: homosexual. La referencia más antigua que encontramos es de 1899, y aparece en Virutas y astillas, de Francisco Latzina, aunque en inglés ya existía. En las primeras décadas del siglo XX se emplean frecuentemente homosexual y sus voces derivadas en los estudios del doctor Marañón, así como en textos de Julio Casares, Unamuno y Pío Baroja.

En la edición del Diccionario de 1936 se introdujo el artículo homosexual con una etimología (Del lat. homo, hombre, y de sexual) y una definición (Adj., sodomita. U.?t.?c.?s.) discutibles. Aunque en latín homo significa ‘hombre’, no es la voz latina la que interviene en homosexual, sino el elemento compositivo homo-, procedente del griego ?µ?-, que significa ‘igual’, y que aparece en otros adjetivos y sustantivos españoles, como, por ejemplo, homófona (‘palabra que suena igual que otra’). La Academia mantuvo veinte años la etimología homo ‘hombre’, excluyendo de entre los homosexuales a las mujeres que lo eran. Lo que encajaba bastante con la definición que daba del término, ‘sodomita’. Sodomía sí estaba registrada desde 1739, en que la definió como «concúbito [acto carnal o coito] entre personas de un mismo sexo, o en vaso indebido».

La definición de homosexual como ‘sodomita’ se mantuvo hasta que en la edición de 1970 se describió como la «persona que tiene relación carnal con otra del mismo sexo». En el suplemento del Diccionario que se publicó ese año se incluyó una enmienda y la homosexualidad pasó a se r la «inclinación manifiesta u oculta hacia la relación erótica con individuos del mismo sexo» y la «práctica de dicha relación». Por primera vez se tiene en cuenta que una persona puede ser homosexual sin tener relaciones sexuales. Esa línea se confirma en el DRAE del 2001. Para los académicos de hoy, homosexualidad es la «inclinación erótica hacia individuos del mismo sexo», y homosexual, la persona «con tendencia a la homosexualidad». Las definiciones precisas para estas palabras llegan más de un siglo después de su introducción en el español.

FRANCISCO RIOS

30-6-2010-www.lavozdegalicia.es

José Saramago-1922-2010

In ALGO DE OPI, PREMIO NOBEL on 2010-06-20 at 9:38

Soy ateo, no creo en la existencia de un dios. Me parece aberrante creer en un dios. La religión nunca ha servido para acercar a los seres humanos. Fue creada para juzgar, para utilizar la fe a conveniencia propia. La religión es muy mala, sin ella tendríamos un mundo más pacífico”.

JOSÉ SARAMAGO.Premio Nobel de Literatura-1998

Ikea en la calle desnuda

In ALGO DE OPI on 2010-06-19 at 19:32

¿Y si el mobiliario urbano se convirtiera en mobiliario casero? O, de otro modo, ¿y si la calle y el hogar fueran una misma realidad con diferentes caras pero cuyas funciones, al fin y al cabo, buscan esencialmente lo mismo: descansarnos, amenizarnos los días, darnos de beber y de comer, prestarnos determinados servicios que, si de una parte complementan los que tenemos dentro de nuestras paredes, otros los suplen más allá de nuestra capacidad de almacenamiento privado?
Se dice que en Japón hay, actualmente, más máquinas expendedoras, desde servidoras de ropa interior hasta almohadas, de comidas basuras a comidas exquisitas, que la cantidad censada de japoneses. Estos artefactos son, en realidad, como habitantes enclavados en lugares estratégicos para actuar urbanamente, como en tantas otras partes las tiendas de chinos. Abiertos las 24 horas los 365 días del año y dotados de cualquier elemento que se le ocurra a la clientela sin importar su rareza. Las máquinas que prestan solución en momentos críticos, algunas de ellas de carácter médico, son, en verdad, más que máquinas sin corazón. Son máquinas cordiales e inteligentes que piensan en los consumidores, han estudiado sus peripecias y se han extendido como una insólita proliferación de seres vivos y para seres vivos.
En diferentes ciudades españolas, incluso en pequeños pueblos de toda la vida, las esquinas van siendo ocupadas durante estos años por este tipo de robots que sustituyen a los empleados y a sus empresarios, dormidos entonces como todo el mundo. La máquina se halla emplazada al raso, fuera del amparo doméstico, pero en función y en extensión, cada vez más tupidas, crean un techo sin sucesión de continuidad. No es tan necesario reservar un tiempo determinado para hacer la compra y acaparar decenas de kilos en el supermercado. La máquina dispensadora piensa no solo en cualquier ocurrencia caprichosa o una necesidad urgente sino también en el reducido aforo de los apartamentos, especialmente japoneses.

Cada día, la máquina se desenvuelve como un mayordomo o un mago que satisface sin rechistar casi cualquier deseo. Sin mediación de nadie, sin esperas de nada, la máquina va mostrándose como el distribuidor perfecto y, en cierto modo, considerando su fluidez, su solicitud y su disposición inmediata se comporta tanto como un segundo aparato electrodoméstico, o un segundo armario, un segundo cuarto de baño, un cuarto de juegos.

Esta penetración del afuera en el adentro o su viceversa ha sido una ecuación obsesiva de todos los buenos arquitectos. Ha sido el principio fundacional de la ventana y de las persianas, de las construcciones integradas con la naturaleza y, en general, de la construcción más ambiciosa y humanista de todos los tiempos. Ahora, esta vieja sensibilidad toma una dirección impensada y, como en otros ámbitos de este tiempo en crisis, el pensamiento abandona su carril tradicional para pensar en paralelo. Muchos libros de éxito, entre la autoayuda y la puesta al día, hablan de esta teoría del pensamiento paralelo para mejor resolver los conflictos.

Las soluciones que nazcan de la crisis no serán solo hijas legítimas de esta apurada situación, sino, en su mayoría, hijas o hijos naturales, en su doble sentido: a través de una espontaneidad inaplazable y mediante una contravención del orden establecido.

Ahora mismo, en sentido complementario, la revista Yorokubo, cuyo nombre significa “estar feliz”, cuenta en su número de junio el caso de un artista italiano, Carlo Sampietro, que ha decorado, amueblado y personalizado su casa de Nueva York empleando materiales y muebles hallados en las calles, desde un buzón de correos hasta cajones de embalaje, desde fragmentos de metal hasta bicicletas y remolques desechados.

Hace medio siglo, Ivan Illich enseñaba de qué modo extraordinario los mexicanos de Cuernavaca adheridos a su fundación creaban hábitats incluso más cómodos que los prototipos burgueses de donde provenían los residuos utilizados.

La idea de reciclar ha envejecido pronto de tanto usarla mal, pero la idea de poner en cuestión los catálogos de nuestro consumo, no. El artículo de Yorokubo que firma David García se titula El Ikea más grande está en la calle. Puede ser que Sampietro, como italiano y publicitario que es, haya llenado su loft de ciertos cachivaches que ninguno de nosotros quisiéramos tener cerca. Pero, a la vez, al lado de este ejemplo crece la idea, cada vez más alta y firme, de vivir de otro modo y con otra estética, con otros utensilios y otros sentidos. La crisis recuerda, en lo acústico, el ruido de la pala abriendo la tierra de la sepultura, pero evoca también, en su grafía, la rizada cresta roja de una revolución que conmemoraremos alborozados algún día.

VICENTE VERDU– 19-06-2010

Toda la vida trabajando

In ALGO CIERTO, ALGO DE OPI on 2010-03-11 at 10:34


Hacia 1670, la ciudad de Florencia realizó un censo de población. Los pliegos minuciosos de ese catálogo ofrecen un dato que, observado desde los estereotipos de nuestra mentalidad, resulta sorprendente: el 73% de las mujeres de más de 12 años trabajaba.
Las mujeres, aunque no en las profesiones prestigiosas y bien remuneradas, han trabajado siempre
Más asombrosa aún parece la lista de oficios que desempeñaban, según consta en ese censo y en otros muchos realizados a lo largo de los siglos en las ciudades europeas: esas trabajadoras no eran sólo criadas, bordadoras o costureras, siguiendo la tradición que asocia a las mujeres a las tareas que emanan del ámbito doméstico.

En el París de finales del XIII, por ejemplo, las mujeres participaban en 86 de las 100 profesiones mencionadas en el famoso Livre des métiers (Libro de los oficios). En el siglo XV, el sector de la construcción de Würtzburg estaba dominado por ellas (2.500 jornaleras de albañilería y carpintería frente a 750 jornaleros), y en otras muchas ciudades era habitual la presencia de muchachas fuertes y vivaces golpeando en las forjas o conduciendo las carretas.

La idea de que las mujeres han permanecido durante toda la historia recluidas en sus casas, cuidando devotamente de sus hijos y maridos y ocupándose de la comida y la limpieza, no deja de ser una visión errónea difundida por los patriarcales historiadores del siglo XIX, partidarios como buenos burgueses del mito del “ángel del hogar”. Ese mito, que triunfó como ideal de las clases medias alentadas por el capitalismo, fue mantenido durante décadas por una historiografía de visión limitada, que centró su interés casi en exclusiva en los grupos dominantes, es decir, los poderosos y los ricos, y de entre ellos, preferentemente, los varones.

Por supuesto que las damas privilegiadas no trabajaban: las manos finas y suaves, no alteradas por ninguna actividad que significase esfuerzo, fueron siempre símbolo del esplendor familiar. Pero la inmensa mayoría de la población, a lo largo de los siglos, no ha sido ni rica ni poderosa. Y ahí las mujeres trabajaron siempre, por deseo y costumbre y también por necesidad.

Sabemos que en el campo -donde han vivido la mayor parte de los europeos hasta tiempos recientes-, las mujeres se han esforzado tanto como sus maridos. Pero también en las ciudades han ejercido toda clase de profesiones. En la sociedad pre-industrial, donde la producción se basaba en células familiares, a menudo compartían el oficio con sus padres y esposos. Eran taberneras y hosteleras, buhoneras y vendedoras. Eran artesanas de todo tipo. Costureras y orfebres, sombrereras y zapateras. Hilanderas y tejedoras. Lavanderas y planchadoras. Actrices, cantantes y bailarinas. Curanderas y parteras. Celestinas y prostitutas. Y criadas por millones, formando auténticos ejércitos de niñas y mujeres que nutrieron durante siglos -y aún lo hacen- los escalones más bajos del servicio doméstico.

La Revolución Industrial transformó desde mediados del siglo XIX los modos económicos tanto como la sociedad. Las familias dejaron de ser los núcleos básicos de producción y los centros de trabajo se desplazaron lejos de los hogares, obligando a muchas mujeres a elegir -cuando se podían permitir elegir- entre ganar dinero o quedarse a cuidar de los niños y ancianos. Infinidad de jóvenes y adultas desprotegidas se vieron obligadas a trabajar en peores condiciones que nunca, ocupando los puestos menos remunerados de las oficinas, los grandes almacenes y las fábricas. ¿Acaso no conmemoramos hoy, en el Día de la Mujer, la muerte de 140 trabajadoras a principios del siglo XX, durante el incendio provocado de una fábrica textil de Nueva York? ¿Qué hacían esas mujeres trabajando? ¿Por qué no estaban en sus casas, como muchos historiadores y el tópico tan extendido quieren?

No es cierto, como se suele afirmar, que las mujeres se hayan incorporado al mercado de trabajo en tiempos recientes. La inmensa mayoría de cuantas han poblado la Tierra trabajaron toda la vida, deslomándose sobre las huertas y en los establos, quedándose ciegas ante los paños que bordaban para otras, despellejándose las manos en el agua helada, deshaciéndoseles la columna bajo el peso de las cestas cargadas de productos de los que ellas nunca gozarían.

Y todo eso, por supuesto, a cambio de mucho menos dinero que los hombres: como ejemplo con validez universal, el de las albañiles de Würtzburg, que ganaban una media de 7,7 peniques, frente a los 11,6 de sus compañeros varones.

Y, a la vez, obligadas a mantenerse alejadas durante siglos de la sabiduría y el poder, de las profesiones prestigiosas y bien remuneradas: el nacimiento a finales del siglo XI de las primeras universidades europeas, controladas a lo largo de mucho tiempo por la siempre misógina Iglesia, empujó sin miramientos a todo el sexo femenino al extrarradio económico e intelectual de la sociedad, condenándolo a ocupar sus rangos ínfimos o a optar por una odiosa dependencia.

Ése es el camino que hemos recorrido, decidida y firmemente, en las últimas décadas, el de la notoriedad profesional. Pero de trabajar, lo que es de trabajar, que no nos hablen, que de eso sabemos mucho desde siempre.

El País 08/03/2010

Ángeles Caso, licenciada en Historia del Arte y escritora.

MANIFIESTO A FAVOR DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES EN INTERNET

In ALGO DE OPI on 2009-12-03 at 12:40

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto ha sido redactado por periodistas, bloggers e internautas, a ver si hacen caso a los millones de personas y no sólo a una parte pequeña.

Si tienes un blog y estás de acuerdo con esto, ¡difúndelo!.

gracias meg

Patente de corso

In ALGO DE OPI on 2009-11-23 at 9:55

…..por Arturo Pérez-Reverte
(Barceló)

Me dicen los amigos: hay que ver, Reverte, con esto del paisaje que tenemos y la que está cayendo, salimos a cabreo semanal con blasfemias en arameo, y hace tiempo que no cuentas ninguna de esas peripecias de la historia de España que dejabas caer por esta página, de marinos, conquistadores, aventureros y gente así, políticamente incorrecta, que a veces consuelan y hacen descansar de tanta basura parlamentaria y municipal, y tanta cagada de rata en el arroz. Y como los amigos siempre tienen razón, o casi, y es verdad que hace tiempo no toco esa tecla, hoy vamos a ello. De todas formas, para no perder el pulso de la actualidad actual, quisiera recordar a un personaje que practicó la alianza de civilizaciones a su manera. Ya me dirán ustedes si viene a cuento, o no.

Se llamaba Antonio Barceló, Toni para los amigos. Como de costumbre, si hubiera sido francés, inglés o de cualquier otra parte, habría películas y novelazas con su biografía. Pero tuvo el infortunio de ser mallorquín, o sea, español. Con perdón. Que es una desgracia histórica como otra cualquiera. El caso es que ese fulano es uno de mis marinos tragafuegos favoritos. Tengo su retrato enmarcado en mi casa, junto al de su colega de oficio Jorge Juan, y en el Museo Naval de Madrid hay un cuadro ante el que siempre me quito un sombrero imaginario: D. Antonio Barceló con su jabeque correo rinde a dos galeotas argelinas. Hijo de un marino comerciante y corsario, embarcó siendo niño en los barcos de su padre. La primera fama la consiguió con sólo 19 años, en 1736, cuando ya navegaba como patrón del jabeque correo de Palma a Barcelona, y empezó a darse candela con los piratas norteafricanos que infestaban el Mediterráneo occidental. En aquellos tiempos, como no había telediarios donde hacer demagogia, a los piratas se les aplicaba directamente el artículo 14. Y Toni Barceló, que conocía el percal y no estaba para maneras de oenegé, lo aplicaba como nadie. El ministro Moratinos y la ministra Chacón habrían hecho pocas ruedas de prensa con él. Prueba de ello es que, pese a ser marino mercante y no de la Real Armada –allí sólo podían ser oficiales y jefes los chicos de buena familia–, fue ascendiendo en ésta, con los años, de alférez de fragata a teniente general, a lo largo de una vida marinera bronca, azarosa y acuchilladora. Dicho de otra forma, a puros huevos.

Lástima, insisto, de película que, como tantas otras, en este país de cantamañanas nunca hicimos. Ni haremos. Barceló libró combates y abordajes de punta a punta del Mediterráneo. Combatió a los piratas y corsarios, e hizo él mismo la guerra de corso con resultados espectaculares. Sin complejos. Su ascenso a teniente de navío lo consiguió por la captura al arma blanca de un jabeque argelino, que le costó dos heridas. Sólo entre 1762 y 1769 echó a pique 19 barcos piratas y corsarios norteafricanos, hizo 1.600 prisioneros y liberó a más de un millar de cautivos cristianos. Y menos de diez años después, sus jabeques, navegando pegados a tierra y jugándosela en las playas, impidieron que la expedición española contra Argel terminara en un desastre. Eran tiempos poco favorables a la lírica, y lo de las fuerzas armadas españolas humanitarias marca Acme se la traía a Barceló, como a todos, bastante floja. Argelia era la Somalia de entonces, más o menos, y a los atuneros de entonces los protegió a su manera: en 1783 fue con una escuadra a Argel, disparó 7.000 cañonazos contra la ciudad e incendió 400 casas. Sin despeinarse.

También he dicho que era español, y eso tiene su pago de peaje. La envidia y la mala fe lo acompañaron toda su vida. Sus colegas de la Real Armada no podían verlo ni en pintura, y andaban locos por que se la pegara. No tuvo, como es natural, amigos entre sus pares. Ayudaba a eso su persona y carácter, poco inclinado a tocar cascabeles. Era hombre rudo y de escasa educación –sólo sabía escribir su nombre–, brusco de modales, sordo como una tapia por el ruido de los cañones. Tampoco era guapo, pues la cicatriz de un sablazo le cruzaba el careto de lado a lado. Gajes del oficio. Pero sus tripulaciones lo adoraban, peleaban por él como fieras y lo acompañaban, literalmente, a la misma boca del infierno. Ganó honores y botines, rindió a enemigos, asombró al mismo rey, y mandó barcos y escuadras hasta los 75 años. Se retiró al fin a Mallorca, donde murió entre el respeto de todos. Fue uno de los poquísimos casos en que España no se comportó como ingrata madrastra, y agradeció los servicios prestados. Su fama fue tanta que en sus tiempos corrió en coplas una décima famosa, a él dedicada, que concluía: «Va como debe ir vestido / fía poco en el hablar / mas si llega a pelear / siempre será lo que ha sido».

Imaginen lo que se habría reído viendo lo de Somalia en el telediario, y a los piratas en la Audiencia Nacional.

El trasvase romano

In ALGO DE OPI on 2009-10-24 at 10:47

El Vaticano abre sus puertas a todos los que se oponen a la ordenación de mujeres y homosexuales mientras que desde los sectores más progresistas del anglicanismo se acusa a la Iglesia de Roma de “estar a la caza” de anglicanos.

La vuelta al redil de los “católicos de rito anglicano”
Desde que se produjo el cisma del siglo XVI (Clemente VII se negó a anular el matrimonio entre Enrique VIII y Catalina de Aragón y a causa de esta negativa el rey inglés despechado fundó la Iglesia de Inglaterra y se proclamó cabeza visible de ésta) el Vaticano intentó sin éxito la vuelta a su redil de las ovejas anglicanas descarriadas, objetivo próximo a conseguir pero que contempla sólo el regreso de los que pertenecen al sector fundamentalista empujados porque en algunas de sus diócesis se acepta la ordenación de mujeres y homosexuales y también sus uniones de pareja.

De los 80 millones de anglicanos que hay en la actualidad, solicitaron su inclusión en el trasvase romano entre 30 y 50 obispos, un centenar de sacerdotes y el grupo conservador Tradicional Anglican Communion, pertenecientes todos ellos al sector integrista anglicano.

Para el teólogo Juan José Tamayo, tras esta operación se esconde la intención de ir desmontando la iglesia anglicana. Cree también Tamayo que los principios ultraconservadores de la curia romana no se van a modificar porque, si la absorción prevista tiene éxito, “se integraría lo más integrista de ese movimiento”.

No es éste el primer intento de Ratzinger para que las fuerzas fundamentalistas vuelvan a su hogar romano: el actual Papa busca también con fervor el regreso de los lefrebvianos con los que la negociación definitiva parece inminente.

Fusión anglicana- católica
El Vaticano, en su afán de incrementar sus fuerzas, no duda a la hora de llevar a cabo una fusión anglicana- católica aunque para ello tenga que tragar sapos de distinto calibre entre ellos la aceptación de curas casados, algo que se les niega de forma sistemática a los curas católicos que pertenecen a sectores progresistas y moderados.

“Muchos sacerdotes católicos que han dejado la Iglesia para casarse ahora se preguntarán por qué son aceptados ministros casados” se pregunta el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y él mismo se responde que simplemente “es una excepción”.

“Excepción” que también se aplica a los uniatas, a los melquitas y a los sirios (iglesias de rito oriental que se someten a la autoridad romana y papal aunque conservando sus tradiciones) pero “excepción” que no se aplica a los curas de rito latino casados a pesar de que el actual Papa ha llegado a reconocer que el celibato no es un dogma sino una tradición.

Otra iglesia es posible
En una reciente entrevista, Ernesto Cardenal tacha a la Iglesia de Roma de ser “la monarquía más absoluta que hay ahora en el mundo”.

Dice Cardenal, sacerdote y poeta, que a lo largo de la historia de la Humanidad las religiones no han unido sino que han dividido a los hombres, todo lo contrario de lo que ha ocurrido con la ciencia.

Cardenal, seguidor de la Teología de la Liberación (revolución religiosa que sacudió los cimientos de la iglesia romana y que el Vaticano atacó de forma brutal a pesar del apoyo de los católicos de base y del elevado número de sacerdotes que la secundaron) aboga por una iglesia democrática en la que las mujeres puedan ser ordenadas sacerdotes e incluso papas, una iglesia en la que los papas sean elegidos democráticamente y depuestos del mismo modo; este sacerdote y poeta es un firme defensor del pluralismo religioso: “Se trata de proponer la unificación de las religiones, no que sea una sola, sino que todas sean válidas”.

fuente-el plural-PILAR REGO 24/10/2009

Los crímenes que cambiaron Madrid

In ALGO DE OPI on 2009-08-24 at 23:01

“Domingo de Ramos sangriento”
El cura Galeote es el más famoso de los sacerdotes homicidas de la capital
PATRICIA GOSÁLVEZ – Madrid – 24/08/2009

El primer obispo de Madrid duró muy poco. Monseñor Martínez Izquierdo apenas estaba empezando a poner orden en el disipado clero madrileño cuando, ocho meses después de tomar posesión de la nueva diócesis, uno de esos curas indisciplinados con los que pretendía acabar le metió tres tiros por la espalda. Fue el Domingo de Ramos de 1886, en las escaleras de la colegiata de San Isidro, en plena calle Toledo. Tras dispararle, el cura Galeote, su asesino, gritó: “¡Ya estoy vengado!”. La muchedumbre que estaba entrando a misa casi lo lincha.
Galeote no fue el primer cura asesino de Madrid. “Se daban bastantes casos, pero la Iglesia siempre los escondió”, explica Salvador Daza, co autor del libro De la santidad al crimen: clérigos homicidas en España (1535-1821). Según el historiador, la Iglesia sigue siendo reticente a mostrar su historia más negra: “Acceder a los archivos eclesiásticos no resulta nada fácil, aunque hayan pasado siglos; para ellos 200 años no son nada”. Durante su investigación, muchas veces ocultó el tema de su libro ante las instancias religiosas para así esquivar el secretismo y conseguir permiso para rastrear entre los viejos archivos los crímenes de los hombres santos. Encontró, por ejemplo, el asesinato de la calle de las Beatas de 1776, el primero en Madrid en el que un sacerdote fue sometido a un proceso civil sin tener que esperar a que actuase antes la justicia eclesiástica (“durante siglos, la Iglesia se había limitado a cambiar a los curas homicidas de parroquia y esperar que la gente olvidase el crimen”, explica Daza). El cura de la calle de las Beatas se enamoró de una viuda joven que le cosía la sotana y a la que decidió acosar para obtener favores carnales, llegando incluso a ofrecerle serenatas. “Al final, un vecino se atrevió a hacer un comentario del tipo, ‘este ni es cura ni es nada, es un sinvergüenza”, explica el historiador, “cosa que ofendió el honor calderoniano del fraile, que, sin más, se cargó al vecino a los dos días”. La justicia lo habría condenado a muerte (previa desconsagración), pero Carlos III intervino para salvaguardar el buen nombre de la Iglesia. Peor suerte tuvo el padre Sanvítores, al que colgaron en la Plaza de la Cebada en 1815 por matar a martillazos a su mantenida. Lo hizo por celos, después de acostarse con ella y darle la absolución para que no muriese en pecado.
A los curas homicidas, como a los demás mortales, les mueven las bajas pasiones. “Abunda el crimen pasional, ya que la mayoría del clero no era vocacional ni célibe”, dice el historiador, “pero también hay bastantes asesinatos por poder, una suerte de parricidios, en los que se mata al superior”. Detrás, siempre está el honor herido, ya que los religiosos eran educados en el privilegio, y si veían su estatus atacado, reaccionaban violentamente. “Todavía vemos ese prurito hoy en día, en la prepotencia de los obispos”, opina Daza.

Al cura Galeote, malhumorado y pendenciero, le habían quitado una misa. Perdía dinero y por ello se quejó amargamente a Monseñor Martínez Izquierdo, pero éste no le hizo ni caso. Galeote se ofendió y decidió solucionarlo al grito de “¡Ya estoy vengado!”. El caso fue muy sonado no sólo por la condición de la víctima (carismático obispo de mano dura) y el asesino (sacerdote excéntrico, amancebado y avaricioso). Fue, además, un proceso clave para legitimar la psiquiatría en España, ya que se discutió si Galeote era responsable de sus actos y si era humano ejecutarle en el caso de que estuviese loco.

Al final decidieron que no, y le internaron en el manicomio de Leganés, donde el director Luis Simarro encabezaba el nacimiento de la psiquiatría moderna. El centro de salud Santa Isabel sólo conserva de la antigua Casa de Dementes su fabulosa fachada neomudéjar. Por dentro todo es nuevo. En el instituto psiquiátrico, hasta el lenguaje ha cambiado. En época de Galeote, los psiquiatras eran frenópatas. Defendían el degeneracionismo, según el cual las taras mentales se manifestaban en taras físicas (en el caso de Galeote se hizo hincapié en su sordera, el marimachismo de una de sus hermanas y la cara estrambótica de otra). A los enfermos mentales entonces se les llamaba monomaniacos, imbéciles, degenerados o simplemente locos, así en general. El manicomio de Leganés fue la tumba de Galeote, que murió de viejo en 1922.

La tumba del obispo se encuentra bajo el altar de San Isidro, la iglesia en la que le dispararon. Por fuera, el templo está prácticamente igual que entonces (sólo las torres eran un poco más bajas). Por dentro, también. Salvo por las velas eléctricas, que funcionan con monedas de 10 céntimos, y por las cámaras de los turistas, podríamos estar en 1886. Efectivamente, para la Iglesia, 123 años no son nada.

Testamento vital:decidir a tíempo

In ALGO DE OPI on 2009-08-17 at 10:47

Lunes 17 de agosto de 2009

Vivir con dignidad no es una tarea fácil, pero con todo es una cuestión en la que a cada uno nos corresponde una parte. Quiero o, permítaseme, queremos pensar que cada día somos más los que aspiramos a una vida en la que integremos valores. El vivir con dignidad, con valores éticos es, como decía Kant, especialmente rentable; lo cual no implica que muchas veces sea costoso y por ello nuestra decisión de hacerlo sea más responsable y más valiosa.
Pero si es difícil el vivir, en ocasiones no lo es menos el morir con dignidad.
El tránsito de la vida a la muerte no está exento de sinuosidades, de ir adelante y atrás, y en ese camino a veces el protagonista se convierte en espectador, espectador mudo y callado al que las circunstancias, su estado físico e incluso emocional, le impiden expresar sus opciones de cómo debe ser tratado. Es ahí donde surge la necesidad de hacer llegar la voz de la opción tomada a los profesionales sanitarios y sobre todo a los propios familiares, tendentes por lo general todos ellos a alargar la vida, con independencia de la calidad de la misma.
Incluso en algunos casos se llega, en lucha feroz contra la muerte, a episodios de lo que se ha llamado carnicería terapéutica. Bien entendido que no se pone en cuestión la mejor de las voluntades del que desea conservar la vida del moribundo, pero sí se objeta el hacerlo sin tener en cuenta el sufrimiento que conlleva.
Para paliar el dolor de ese momento, el momento en que la muerte comienza a vencer a la vida, se ha legislado e instaurado el testamento vital o documento de instrucciones previas, que es aquel mediante el cual una persona mayor de edad, en plenitud mental, expresa de manera anticipada su opción sobre los cuidados y tratamientos que podría precisar en el futuro y el destino final de su cuerpo, recogiendo entre otras las siguientes decisiones: Primero.- No deseo que se prolongue mi vida por medios artificiales. Segundo.- Es mi voluntad que se me administren los fármacos que me eviten el sufrimiento. Tercero.- En enfermedades terminales, con sufrimientos insoportables, quiero morir de forma rápida e indolora.
El testamento vital es una previsión de futuro sobre uno mismo para cuando uno ya no está. De la misma forma que se procede con respecto del patrimonio, realizando un testamento, parece adecuado el plasmar en un documento las decisiones propias respecto a la propia muerte.
Llegar hasta aquí ha sido una tarea ardua. En el año 2002, una ley estatal reguló la autonomía del paciente y ahora, hace poco más de un año, la Xunta de Galicia ha creado el Registro Gallego de Instrucciones Previas. Sin embargo, la iniciativa ha tenido escaso éxito en nuestra comunidad, pues solo 126 personas se han inscrito, a 1 de julio pasado, en el citado registro. La razón no creo que sea esotérica, sino más bien de falta de información y tal vez lo poco acostumbrados que estamos a hablar de nuestra muerte.
Pero, nos guste más o menos, no debemos hacer dejación de ello; el morir no debe estropearnos el haber vivido.

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